La meditación es considerada todavía por muchos como una rareza oriental, una peculiaridad y hasta un lujo que ciertas personas se permiten en sus vidas. Sin embargo es la actividad más importante que el ser humano pueda acontecer.

Tenemos cuatro cuerpos: físico, emocional, mental y espiritual. Puedes estar sano físicamente, emocionalmente estable y sin complicaciones; pareja, buena autoestima. Puedes pensar bien y tener estructura y orden en tu vida, y sin embargo, hasta que no conoces 'eso' que está más allá, o anterior a tus cuerpos físico, emocional y mental.., una sed interior continúa urgiéndote inexorablemente.

Requiere atención y una dosis de honestidad reconocer esto, pues nuestra cultura nos ha orientado a que el logro a nivel físico, emocional y mental, tal como mencione antes, lo es todo.

Meditación es enfocarse en ese elemento faltante: lo 'espiritual'. El cuerpo espiritual.

Mucho se ha hablado del espíritu, sin embargo, hoy en día todavía son pocos los que lo experimentan de forma realmente satisfactoria en sus vidas. El espíritu es lo que somos esencialmente, y este aspecto profundo nuestro esta unido con Dios y con la fuerza de la vida.

Hay muchas formas distintas de meditación, tantas como espermatozoides fallidos hay en un intento de concepción. Sin embargo, también hay las que son realmente buenas, bellas y útiles.

La meditación realmente útil no es aquella en donde el meditante, o 'fabrica' la experiencia, o aquella donde se conforma con una imagen o idea mística, quizás difusa, que se supone es la espiritualidad o una buena aproximación a ella.

La experiencia espiritual real se tiene a través de un método preciso y práctico, y sus efectos son claramente reconocibles y disfrutables, no sólo en el momento en que meditas, sino que su efecto se extiende a lo largo de toda tu vida.

El cuerpo espiritual tiene puntos de enlaces con el cuerpo físico, y al colocar tu atención en estos 'puntos de enlace' en estado de meditación, estos se energetizan activándose con ello la vivencia espiritual.

Haré una introducción breve de esto. El punto de enlace principal que abre la puerta al mundo espiritual dentro y por encima nuestro se ubica en nuestro entrecejo, en la frente. Una vez activado este centro, conocido popularmente como 'Tercer Ojo' o el 'Ojo Supra Consciente', se experimenta el segundo punto y experiencia de enlace con lo infinito: nuestra Respiración, la fuerza rítmica de la Vida. Abiertos estos dos, se abre el Corazón.., ese punto en el centro del pecho donde colocas tu dedo indice al decir 'yo soy', que es el asiento de nuestro Ser, de nuestra verdadera identidad. Y luego, abierta la consciencia del 'Corazón', se abre el punto que llamo 'Espíritu Infinito' o 'La Flor de Loto de los Mil Pétalos', que es el punto de enlace con
Dios Madre/Padre.

Esto es una experiencia. No una teoría. Una buena meditación, un buen protocolo de trabajo interno te abre a esta posibilidad. Lo que se experimenta con esta forma de meditar es Conocimiento, Paz, Luz, Amor. Dios.

Cuando alguien experimenta esta Luz y este Amor dentro y por encima de sí, por efecto de cascada, su mente, sus emociones y su cuerpo físico se armonizan y entonces es que se experimenta plenitud en la vida. En esto es que radica la importancia de la meditación.

Otras meditaciones, tales como son aquellas para manifestar, sanar a distancia, viajar astralmente, equilibrar chakras, manejar energías, ver otras dimensiones, y otras en este orden de ideas, no te conectan ni te permiten vivir la verdad de tu cuerpo espiritual. Lo anterior son habilidades superiores y/o psíquicas, más en realidad no tienen que ver con la experiencia de Dios y de tu Ser esencial.

Enseñar a meditar es relativamente fácil. Lo que es poco frecuente es el 'compromiso con' y la aceptación de la felicidad y del desarrollo de consciencia que implica la práctica de una meditación verdadera.

Cuando estés convencido de que practicar meditación y experimentar sus beneficios en tu vida es lo que quieres, ponte en contacto conmigo. Será mi placer enseñarte.


Rafael Ferraro






Sobre el Símbolo del Caduceo


'El Caduceo originalmente se creó por sabios de la antigüedad, no sólo para representar 'salud corporal', sino para simbolizar la actividad energética vital, libre, potente y armónica en nuestra anatomía sutil. Es esta actividad óptima de nuestra propia vitalidad la que nos permite experimentar un estado de consciencia despierto, y sentirnos integrados a nuestra propia esencia y a la unidad de la vida. Al sentimos de esta forma en donde nuestra energía fluye libre y armónicamente en nosotros, es cuando, por efecto de cascada, nos experimentamos funcionales, sanos y potentes a niveles tanto mental, como emocional y físico..'

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En occidente, al Caduceo se le conoce y usa como el símbolo de la medicina desde la Grecia antigua.. Y si, el Caduceo ha sido símbolo de salud y funcionamiento armónico del cuerpo en nuestra cultura desde entonces, sin embargo, el origen de este símbolo se remonta mucho más atrás de la antigua Grecia. Este surge por primera vez en la India de 5.000 años atrás, y el significado que tenía este símbolo para los antiguos sabios hindúes es de una dimensión mucho mayor y mas profunda que sólo salud corporal.

Brevemente explicado, el eje o columna central del Caduceo es lo que los sabios hindúes llamaban el 'Susuma', que representa lo que podríamos llamar el núcleo o tronco de nuestro cuerpo energético o anatomía sutil, que parte de la zona del periné, en la base de la columna vertebral, y llega hasta el entrecejo en la frente. Las dos serpientes que se entrecruzan alrededor del Susuma las llamaron 'Ida' y 'Pingala', y son los ductos por donde la energía vital - el Prana, tal como la llamaban entonces - asciende y desciende al ritmo de la inspiración y espiración de nuestra respiración, por este eje desde el periné hasta la frente en la cabeza. Las alas al tope de la imagen simbolizan la natural expansión de energía que ocurre a nivel del entrecejo cuando este movimiento ascendente culmina en el entrecejo, energetizando y activando con ello la glándula pineal y el centro del 'Ojo Supraconsciente', que el punto de enlace con la Luz Divina interna en nosotros.

Cuando este movimiento del prana que asciende y desciende al ritmo de la inspiración y espiración de nuestra respiración, ocurre libre, consciente y armónicamente a todo lo largo de este eje interno sutil nuestro, experimentamos no sólo salud, armonía y potencia física, sino emocional y mental también.

En los puntos donde la Ida y la Pingala se cruzan ocurren vórtices vertiginosos de energía que es lo que conocemos por chakras o generadores de energía. Cada chakra determina dinámicas psicoemocionales, conductuales y físicas, que a su vez son determinados o pautados por el sistema de creencias o la mentalidad de cada individuo. Cuando la mentalidad de un individuo está confundida, distorsionada o aberrada, sea por la imposición autoritaria, no cuestionada o revisada, de creencias o conceptos familiares/culturales conflictivos; y/o por traumas desde pequeños a severos, se afectan directa y proporcionalmente los chakras, y consecuentemente bloqueando el flujo ascendente y descendente del Prana por la Ida y la Pingala, traduciéndose finalmente en una salud emocional y física más o menos desmejorada y disfuncional, de acuerdo con cada caso particular.

A la luz de este entendimiento se puede comprender que la salud depende - tal como la medicina psicosomática y la física cuántica lo demuestran -, que salud o enfermedad son consecuencias de aquello que creemos, de lo que 'pensamos' en nuestras mentes. Que lo que conocemos por enfermedad, es en realidad el síntoma, y que la causa está pues en nuestras creencias, en nuestra mente. Que sanando la mente es cuando recuperamos la salud, no sólo a nivel físico, sino a nivel anímico, permitiéndonos recuperar el estado o condición armónica propia de los niños, en donde vivimos en paz y en la espontánea compañía interna de ese amor que nos creó y que somos esencialmente.., de esa fuente de existencia y de ser que hemos llamado Dios.

La practica consecutiva, consistente de una meditación, sea dinámica o pasiva, que reactive el libre flujo de la energía (Prana) de modo completo a lo largo de todo el Susuma o del eje de nuestro cuerpo sutil, desde la base en el periné hasta el entrecejo en la frente, ciertamente restaurará la preciada salud, armonía y potencia en nuestros cuerpos mental, emocional y físico.


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