![]() Jesús en el Templo del IDEAL |
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Maestro es quién decide serlo. Es quién decide vivir y celebrar esta posibilidad en su vida, y para tal posibilidad no se requiere de alguna condición especial o ser designado para ello por otra persona o supuesta autoridad. Quién sinceramente quiere y asume ser maestro, ni siquiera requiere estar en paz perfecta.. Precisamente esa paz la conquistará cuando se la propicie a otros.. Lo que hace a alguien ser maestro es decidir y entregarse a hacer lo que ese 'Amante Amado' adentro y arriba de sí quiere hacer con cada persona en este mundo.., y dejarse guiar sólo por él. Un verdadero maestro no hace su propia voluntad, no hace 'su cosa', sino que hace la voluntad de ese Amante Amado, y sólo esa. Un maestro así toma los problemas del otro como suyos propios, y 'corazón en mano' contribuye con este mostrándole el camino para solucionarlos de la forma buena, bella y útil, tal como el Amante Amado indique. Y un maestro así en su hacer la voluntad del Amante Amado, también puede cometer errores. El también está aprendiendo, y hacer lo correcto es su norte. Aunque un verdadero maestro habla con la propiedad, claridad y fuerza propias de quién está inspirado y en comunión con Dios, su intención no es la de imponerse autoritariamente y establecer con sus estudiantes una relación vertical. Un verdadero maestro sabe que todos somos hermanos, que todos estamos 'en el mismo bote', y que ante el infinito todos somos estudiantes. Un verdadero maestro enseña motivado por amor, por el genuino gozo de reconocer y compartir con otros la verdad acerca de todo, y por un sentido de compromiso con su hermano el hombre por que conozca y disfrute de la riqueza interior que él está descubriendo y de la que está cada vez más disfrutando en su propia vida. Un maestro enseña entonces lo que él mismo está descubriendo y que él mismo necesita consolidar en su vida.., y esto lo logra al facilitar que otros lo aprendan y consoliden en las suyas, de la misma manera que él se cura a sí mismo cuando cura al otro. Es que aquel que asume ser maestro para otros, es el primero en crecer en paz, amor y sabiduría, pues eso es lo que él experimenta cuando le brinda a otros el entendimiento, los recursos y la inspiración para que puedan lograr esa paz, amor y sabiduría en sus vidas. Y estos serán los resultados que definan y confirmen a alguien como un maestro, y no una nominación hecha por alguien o una mera autonominación como tal. El verdadero Maestro pues es ese Poder Superior, ese Espíritu Infinito trabajando a través de quién se disponga para ese fin. Lo que hace a alguien ser un maestro de Dios, o de la verdad, es ser Su canal, Su vocero, Su instrumento cuando enseña o asiste a quién solicite ayuda. Un maestro como persona es poco lo que puede, pero al estar alineado y al trabajar en equipo con ese Poder Superior lo puede todo. Es sólo al estar en sincronía con El, que puede ejercer su rol de maestro satisfactoriamente. En eso consiste el arte de ser maestro, y esta posibilidad es para quién quiera y elija disfrutarla en su vida, sin excepción. Rafael Ferraro |
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